dijous, de setembre 28, 2006

Sobre lectores multimediáticos



El temprano reconocimiento del lugar axial que ocupan los medios de información general como narradores públicos, agentes de socialización y actores políticos en las democracias modernas ha generado una diversidad de corrientes teóricas, investigaciones, ensayos y oráculos. Inicialmente, se concentraban en la prensa. Ahora, con lamentable descuido de la radio, privilegian a la televisión y la Red. Muchos perciben a la prensa como el medio en declive, cercano a su desaparición. Sin embargo, la Red nos está mostrando que el medio más viejo es el más dinámico al lanzar, mantener y renovar sus sitios digitales: cada vez son más los sitios derivados de diarios y semanarios impresos que generan modelos nuevos a impulsos de la interactividad, la hipertextualidad y la multimediatización.Concentrándome en un Periodismo crecientemente asediado por la Publicidad y el Entretenimiento, parto del supuesto de que el lector de este artículo es, como yo, un lector multimediático cuyos conocimientos del mundo en que vive y cuyas decisiones como prójimo y como ciudadano están fuertemente influidas por los soportes que elige y frecuenta. Un lector en el sentido amplio de la palabra- de soportes impresos, radiofónicos, televisivos y digitales que explora de manera contínua o esporádica o accidental pero siempre selectiva. Para narrarse a sí mismo y narrar a otros la actualidad cotidiana, el lector construye a partir de estos soportes sus propios relatos. Sea cual sea el número de soportes que, en cada medio, visite cada día, todos ellos funcionan respecto de él como fuentes primordiales.Al mismo tiempo, el lector sabe que puede encontrar en la Red una cantidad de fuentes infinitamente mayor que los soportes que integran su menú mediático cotidiano. Desde hace pocos años, en efecto, la Red configura un inmenso sistema de fuentes de todos los tipos imaginables -no sólo periodísticas- que, de hecho, no tiene más límites que aquellos que libremente cada lector determine. Los sitios periodísticos digitales, sean originales o derivados de soportes preexistentes, constituyen apenas uno de los diversos subsistemas de la Red y frecuentemente remiten a otros. Este nuevo fenómeno potencia al máximo los recursos informativos pero plantea problemas insoslayables: ¿Qué y cuántas fuentes consultar? ¿Cómo evaluar su credibilidad? ¿Qué credibilidad atribuirle a las menos conocidas, a, las recién descubiertas? En realidad estas no son preguntas nuevas: también podrían plantearse con respecto al menú de soportes leidos cada dia. Pero el cibernauta de largas travesías no puede evaluar todas las fuentes consultadas echando mano a criterios tan rigurosos como los que aplica -o debería aplicar- a sus fuentes mediáticas tradicionales. La multiplicación de las fuentes -sin límites, si utiliza los enlaces externos que muchas de ellas ofrecen remitiendo a otras, que a su vez remiten a otras...- multiplica sus incertidumbres por falta de conocimiento o por conocimiento insuficiente de muchas de ellas, tanto más cuando más distantes (geográfica y/o culturalmente) se encuentren.Recorrer itinerarios por la Red impone a cada lector exigencias nuevas incluso cuando aborda sitios periodísticos derivados de periódicos, emisoras y canales ya conocidos. Tiene que hacer un uso crítico, exigente, controlado, de los formidables recursos que aportan los buscadores, la interactividad, la hipertextualidad, la actualización de la información, la personalización de los contenidos, el multimedia. Al mismo tiempo, necesita crearse reflejos rápidos para saber detenerse en el momento oportuno, para no quedar desbordado por oleadas de fuentes y datos que no tendría tiempo de procesar. Y -cuestión clave- necesita ensamblar con coherencia y fluidez sus itinerarios por la Red con sus habituales comportamientos con las fuentes tradicionales.

NARRATIVAS DE LA REALIDAD
Mucho se habla ahora de ciberperiodistas, de periodismo digital, de la blogoesfera como configuración nueva y expansión espectacular del Periodismo. Mucho, antes y ahora, de la necesidad de un Periodismo libre, responsable, independiente en las sociedades abiertas, en los sistemas políticos democráticos. Pero ¿qué entendemos por Periodismo? La pregunta es insoslayable incluso si la concentramos -como haré en este texto- en el elenco de soportes de prensa, radio y televisión y sus correspondientes derivados digitales. Mc Nair (1998: 4s) define al Periodismo como cualquier texto con autor, en forma escrita, audio o visual, que pretende ser (es decir, que se presenta ante su audiencia como) una afirmación o un registro veraz acerca de una parte importante hasta ahora desconocida (nueva) del mundo real, social. Y desarrollando esta definición, destaca: 1.- Toda afirmación periodística tiene que ser nueva, si no necesariamente en los hechos que presenta, por lo menos en la interpretación que hace de ellos.Afirmación discutible. Aplicada al pie de la letra todo lector haria él mismo Periodismo puesto interpreta a su manera los textos que consume. Y lo mismo podría decirse de cualquier actor social: todos somos hermeneutas. 2.- Los datos pasan a ser Periodismo sólo cuando se les ha dado significado y contexto: cuando han sido transformados en relato por un autor.Afirmación también discutible: todos somos narradores, como demostraré más adelante. Pero afirmación importante, en cuanto sugiere ya el primado del relato en Comunicación Periodística. 3.- Los relatos necesitan, para ser contados, una contextualización en torno a un conjunto de supuestos, creencias y valores.Conviene distinguir desde ya en la contextualización un eje sincrónico respecto del hecho noticiable y un eje diacrònico que lo vincula con pasados históricos y futuros previstos.4.- El periodismo es, por lo tanto, esencialmente ideológico. Es un vehículo comunicativo para la transmisión -intencional o no- a una audiencia no simplemente de hechos sino también de supuestos, actitudes, creencias y valores de quienes lo hacen, a partir de, y expresando, una particular visión del mundo. Es una fuerza ideológica que comunica no sólo "los hechos" sino también una manera de comprenderlos y conferirles sentido; un escenario para la lucha entre maneras competitivas de conferir sentido; una expresión y un reflejo del "equilibrio de poder" existente en una sociedad determinada, equilibrio que cambia a lo largo del tiempo, debido, por lo menos en parte, a la presentación por el Periodismo de ideas alternativas, o incluso opuestas, a las ideas dominantes.Esta afirmación de McNair me parece de importancia primordial. Remite a la siempre abierta discusión acerca del concepto mismo de ideología, con o sin las connotaciones negativas que le dan las diversas corrientes. Si la concebimos simplemente como un conjunto de ideas que, fuertemente ligadas a intereses grupales, definen concepciones básicas de la realidad social, psicológica o natural, estas ideas interrelacionadas pueden tener una proyección amplísima o bien concretarse como "ideología política", "ideología económica", etc. Cuando no está articulada, constituye un atributo que habrá que inferir en cada caso (Mann 1984: 164s).Afirmar como hace McNair que el Periodismo es esencialmente ideológico entronca con los conceptos de influencia, poder y conflicto. Impulsa a identificar las ideologías de los diversos actores participantes en Comunicación Periodística y, también, a especificar sus campos. Hay, en España, una ideología empresarial hegemónica en los diversos soportes -privados y públicos- aunque cambien sus empresarios y gestores. Pueden coexistir ideologías políticas diferentes en esos mismos soportes, una de las cuales, la dominante, orienta primordial o exclusivamente sus actuaciones públicas. Hay empresas mediáticas que engloban soportes con ideologías diversas e incluso antagónicas. Hay una diversidad de ideologías en los profesionales de los medios que quedan sujetas a la "línea editorial" decidida por la empresa o los gestores: sólo se manifiestan públicamente en algunos géneros y en áreas y espacios de debate controlado (comentarios, debates, tertulias). Hay relaciones de alianza, convergencia, divergencia y conflicto entre los actores mediáticos cuya explicación puede encontrarse, o no, en la variable ideológica. Sin duda muy importante, la ideología no es la única variable a tener en cuenta.Para bosquejar una tipología de los lectores multimediáticos en función de esta variable, destaco dos tipos opuestos:- lectores que componen sus menús mediáticos prescindiendo de la variable,- lectores que componen sus menús mediáticos mediante la inclusión intencional de soportes a los que atribuyen ideologías políticas antagónicasAmbos tipos se perfilan con la mayor nitidez en tanto que lectores de Periodismo Político, aunque las ideologías influyan también las restantes áreas y secciones de los temarios publicados o emitidos. Los textos periodísticos son, en definitiva, para McNair, narrativas de la realidad Es decir -afirmo a mi vez- relatos de interacciones y procesos que el Periodismo considera noticiables y desarrolla a partir de su primera versión como noticias. Relatos impresos, relatos emitidos por la radio y por la televisión, relatos digitales en la Red. Relatos diégesis y relatos mímesis. Tendemos a identificar a los primeros en la prensa y la radio y a los segundos en la televisión. Pero en la prensa y en la radio, diálogos entre personajes de la actualidad, o entre periodista y entrevistado, o entre personajes de viñetas y programas humorísticos, en tanto que transcurran sin la voz del narrador, también son mímesis. Y, en la televisión mímesis y diégesis se combinan precisamente en los programas informativos: no alcanza con ver las imágenes, hace falta escuchar al locutor narrando la trama que les da sentido.

AGENTES DE SOCIALIZACIÓN
Estas narrativas de la realidad son producidas en cada soporte por una red de interacciones laborales muy intensas, en una pirámide redaccional inserta a su vez en una empresa (uni- o multi) mediática de la cual depende. Y son consumidas por lectores multimediáticos cuyo tiempos y espacios están marcados y contextualizados por los medios. La influencia de los medios no se agota en su lectura: se extiende a lo largo de nuestra vida desde el rango principalísimo que ellos ocupan como agentes de socialización. Johnson (1995: 267) define con acierto a la socialización como el proceso mediante el cual las personas son preparadas para participar en los sistemas sociales: un proceso que dura toda la vída, durante el cual las personas adquieren nuevos roles y se adecúan a la pérdida de los roles viejos. Desde la perspectiva de los individuos, la socialización es un proceso mediante el cual creamos nuestra identidad social y un sentido de pertenencia a los sistemas sociales mediante nuestra participación en ellos y nuestra interacción con otros. Desde la perspectiva de los sistemas sociales, la socialización es necesaria para que el sistema continúe existiendo y funcionando efectivamente, puesto que todo sistema social depende de las personas dispuestas y preparadas para desempeñar los diferentes roles que abarca. Importa destacar aquí con el propio Johnson la discusión acerca del poder efectivo de la socialización para dar orma a sentimientos, pensamientos, apariencia y comportamientos de las personas. Aunque todos los actores deben ser socializados hasta cierto punto si van a participar en la vida social hay enormes variaciones en cuanto a cómo ocurre esto en la realidad y qué resultados produce. En las sociedades complejas, esto se debe enparte a la variedad de experiencias que encuentran las personas en sus familias, escuelas ocupaciones y comunidades. Pero en todas las sociedades esto se debe también al hecho de que los individuos no son pasivos sino que son parte importante en su propia socialización a medida que responden de variadas maneras a las más intensas presiones e influencias sociales.Los medios se superponen a los agentes tradicionales de la socialización: familia, escuela, iglesia. La radio y la televisión convierten a los niños en lectores antes de que la escuela les enseñe a leer. Esta potencia socializadora de los medios proviene primordialmente de su condición de narradores públicos que, lanzando sus relatos desde un nivel macro, encuentran y socializan a sus lectores en todos los niveles posibles mediante una narrativa pública de realidades -Periodismo- y ficciones -Entretenimiento, Publicidad. Pero ¿qué efectos provoca esta socialización por los medios? ¿impulsa a la participación activa de los ciudadanos en la escena politica, exigencia primordial de la democracia representativa? ¿o privilegia más bien a los consumidores de todo tipo de bienes y servicios, entre los cuales los entretenimientos más triviales y/o violentos ocupan un rango primordial? Çoncentrándose en los audiovisuales, la corriente principal en teoría de la comunicación genera más alertas que encomios cuando se refiere a la función socializadora de la televisión. Pero ¿llegaríamos a los mismos resultados si ponemos el foco en los periódicos, impresos y digitales, y en las emisoras radiofónicas? Alcanzando hoy por hoy a sectores minoritarios de la sociedad que también son socializados por los audiovisuales, los periódicos ¿impulsan hacia comportamientos diferentes en el ágora y en el mercado? La preferencia del lector por un medio no implica necesariamente que lea más soportes de ese medio que de los restantes. Incluso ocurre con frecuencia lo contrario: que por preferir un medio determinado el lector sea altamente selectivo, concentrándose en uno o unos pocos soportes, en tanto que su valoración más baja de los otros medios le lleva a acumular o alternar unos cuantos soportes. Influyentes e influidosPuesto que necesitamos -todos- de los soportes mediáticos para conocer la realidad más allá de nuestras muy limitadas capacidades personales para conocerla directamente, el poder de los medios emerge como cuestión primordial, insoslayable y, a la vez, intensamente disputada.Influyentes e influídos, los soportes mediáticos destacan siempre como actores políticos (Borrat 1968), narradores públicos y participantes de una gran diversidad de conflictos que, en gran parte, son conflictos de poder. Pero ¿son ellos mismos poder?La respuesta dependerá, naturalmente, de qué entendemos por poder. Y esta es una cuestión muy compleja, sin duda, puesto que, como afirma Lukes (2005: 27) el poder es un concepto esencialmente controvertido. Destacan (Lukes 1979) cuatro grandes preguntas: 1/ El poder ¿es una propiedad o una relación? 2/¿es potencial o actual, es una capacidad o el ejercicio de una capacidad? ¿debe ser (total o parcialmente) efectivo? 3/¿qué clases de resultados produce: modifica intereses, opciones, preferencias, políticas o comportamientos? (...) 4/ El concepto de poder ¿se aplica sólo cuando hay conflicto o algún tipo de resistencia?Dennis H. Wrong (1988) nos ofrece una respuesta esclarecedora: la influencia constituye el género y el poder aparece entonces como una de las dos especies de influencia: la influencia intencional y efectiva, claramente diferenciada de la otra, la influencia no intencional. El poder es entonces la capacidad de unas personas de producir en otras efectos intencionales y previstos (Wrong 1988). Incluso, añadiría Weber, contra la resistencia de esas otras personas.Wrong tipifica cuatro formas del poder: 1/fuerza (física -violenta o no violenta- y/o psicológica), 2/ manipulación (el manipulador oculta al manipulado el efecto intencional que quiere producir sobre él), 3/ persuasión (el persuasor expone ante el persuadido sus argumentos, llamados o exhortaciones), y 4/ autoridad (el que disfruta de una autoridad reconocida ordena o prohibe algo a aquel que se la reconoce como atributo personal o institucional).Desde esta perspectiva, podemos afirmar que los soportes ejercen una fuerte influencia no intencional como agentes de socialización y pueden ejercer la influencia intencional, poder, en cualquiera de estas formas, alternativa o acumulativamente, como narradores públicos y como actores políticos. La manipulación es la forma de poder más frecuentemente denunciada: soportes, autores, fuentes, personajes la practican en sus relaciones mutuas y con los lectores. La teoría de la "desinformación" proporciona un amplio repertorio de maneras de manipular (Borrat 1989: 88ss). La persuasión es, en cambio, una forma prestigiosa de ejercer el poder. Más lo es todavía la autoridad, ganada por una minoría de soportes ("de calidad", "de referencia", "de élite") y por una minoría de autores ("firmas" reconocidas).Si aplicamos otra tipología, la de las tres dimensiones del poder, propuesta por Lukes (1974), los soportes pueden influir en:1. la dimensión que opera para determinar el resultado de un conflicto,2. la dimensión que opera entre bastidores para excluir ciertos intereses del conflicto público, y3. la dimensión que opera sobre los pensamientos y los deseos de las personas.Lukes vincula estas dimensiones a tres concepciones del poder: - La concepción "unidimensional" o "liberal" -la más simple y, para Lukes, la menos satisfactoria- sólo pone el foco en la primera dimensión. Podemos afirmar que un actor tiene más poder que otros sólo si tenemos pruebas que nos muestren que ese actor ha sido capaz de prevalecer en cierta ocasión frente a la oposición de esos otros.- La concepción "bidimensional" o "reformista" considera muy simplista el énfasis que pone la "unidimensional" en el poder manifiesto en contextos de conflicto abierto y directo. Observa que el poder también se ejerce con frecuencia para evitar que ciertos conflictos de interés pasen a la consideración pública. Lukes llama "reformista" a esta posición porque postula no sólo que los intereses de ciertos individuos y grupos no están representados en el debate político sino también que tal exclusión es ilegítima. Por eso, las instituciones, políticas y otras, necesitan ser reformadas a fondo. Pero hay que avanzar màs todavía: - La concepción "tridimensional" o "radical" muestra los intentos de influir sobre los pensamientos y los deseos de los otros y cómo las víctimas de estos intentos no tienen conciencia de lo que se les está haciendo. Los casos más significativos son aquellos en los que el poder no se ejerce de manera directa sobre los individuos sino que opera mediante "comportamientos culturalmente pautados y socialmente estructurados". Asi, en toda sociedad, los procesos de socialización forman parte del ejercicio del poder. Para que las víctimas del poder social y político puedan liberarse de estos efectos, las instituciones sociales tendrían que ser transformadas por completo.Los soportes pueden aparecer en cualquiera de estas tres dimensiones o, cuando alcanzan su máxima capacidad de influencia, en las tres. Pero, al mismo tiempo, conviene recordar que los soportes no actúan por su exclusiva cuenta. No son actores autónomos: forman parte y dependen de una organización, la empresa (uni o pluri) mediática, pública o privada, a la que pertenecen, y no podemos saber qué competencias autónomas les son concedidas por la empresa ni cuándo pueden perderlas. Los soportes narran interacciones de poder, potenciando al máximo a aquellas que configuran conflictos de poder políticos, económicos, sociales. Pero sus relatos se producen y publican o emiten dentro de una vasta, compleja, cambiante red de interacciones de poder que, según los casos, sitúa a soportes y empresas en posiciones diversas, como influyentes o influidos, dominantes o dependientes, partes participantes en, o terceros involucrados por, conflictos de poder.

NARRADORES PÚBLICOS DE INTERACCIONES
Hay dos categorías clave que, desde mi perspectiva, considero siempre interrelacionadas: interacción y narración.Interactuar exige a cada actor narrarse espontáneamente a sí mismo la trama que está con-viviendo con los otros participantes en la interacción. Narrarse, narrar para intentar conocer y prever los comportamientos y las intenciones de estos otros. Para encontrar el camino hacia su meta. Dentro de esa inmensa red de interacciones que lo modela y remodela a él mismo, a los otros y al sistema social..Narrar aparece así como experiencia cotidiana de todos aunque no tengamos conciencia de ella. El homo sapiens es homo narrans. Narrar es interactuar. Espontánea o reflexivamente, todos somos narradores en interacción. Pero la narración periodística es, a diferencia de la personal y privada de cada actor -de cada lector-, polifónica y pública. y se produce y comunica según estrategias que generan una red de interacciones. Destaco entre ellas, en el proceso de producción, el triángulo autores-personajes-fuentes. Llamo personajes a aquellos actores sociales -famosos o no- que son investidos de ese rol por los autores de los relatos publicados o emitidos a partir de los relatos de las fuentes.La raíz etimológica de "actualidad" no se encuentra en tempus sino en actus, actio: acción (Pöttker, 1998), interacción. Para que la interacción exista, hacen falta actores sociales ligados entre sí por comportamientos intencionales: cada uno interpreta y asigna significados a sus propios comportamientos y a los de los otros, intentando saber hipotéticamente cómo interpretan ellos sus propios comportamientos y los nuestros. Interactuar es comunicarse, comunicarse es interactuar.La actualidad no es puro instante efímero. Dura. Es presente histórico, de variable duración. Encuentra su contexto sincrónico en otros lugares, cercanos o distantes, y su contexto diacrónico en otros tiempos, pasados y futuros diversos, de corta, media o larga duración. Precisamente porque dura, la actualidad convoca al relato: necesita ser narrada para ser conocida.La actualidad periodística encaja el tiempo histórico variable en un tiempo homogeneizado en su duración, el período diario, semanal, o de más larga duración en la prensa, horario en los audiovisuales. Prensa, radio y televisión sólo rompen el período en ocasiones extraordinarias. Los sitios periodísticos de la Red, que comenzaron respetándolo, se desprenden de él cuando optan por la información contínua las 24 horas del día y cuando producen relatos nuevos que luego serán o no reproducidos por los soportes correspondientes.COMPRENDER Y EXPLICAR Dos tradiciones académicas se proyectan y entrecruzan en el análisis de las interacciones, y el Periodismo las reproduce a su manera. La primera, basándose en el formidable desarrollo de las ciencias naturales a partir del siglo XVI, pretende que el ámbito de lo humano se ha de explicar de manera similar, "desde fuera", como parte del mundo natural. La otra, basándose en ciertas corrientes de la historiografía del siglo XIX, reclama en cambio una manera diferente de investigar la realidad social, "desde dentro", tratando de comprender qué significa ella para los propios actores sociales. (Hollis y Smith: 1990, Hollis 1994, Ringer 1997, Eliaeson 2002)Explicar y comprender fueron las palabras clave en esta larga disputa. La causalidad caracterizó a la primera, el punto de vista de los actores sociales marcó a la segunda. La tensión entre ambas corrientes desembocó en acuerdos que combinan una concepción más flexible de la explicación causal con los nuevos impulsos de la comprensión interpretativa, abriendo dos caminos convergentes, de enorme relevancia para el estudio de la interacción social, precisamente. Max Weber privilegió tanto al comprender que lo incluyó en su famosa definición de la sociología como una ciencia que comprende interpretativamente la acción social para, a partir de ahí, explicarla causalmente en su curso y sus efectos.Narrar interacciones -tanto en el relato intrapersonal y espontáneo que hacemos de ellas mientras las estamos viviendo o las estamos conociendo como lectores de los soportes, como en el relato interpersonal y privado que contamos a otros, como en el relato público que nos hacen los soportes- implica avanzar, necesariamente, por dos caminos convergentes que las dotan de significados y sentido: el de los comportamientos perceptibles, verificables, y el de las intenciones imperceptibles, no verificables, subjetivas de cada actor, susceptibles de ser conocidas solo de manera indirecta, hipotética, mediante la inferencia, la imaginación, la sospecha.El conocimiento de los comportamientos -sea por la participación o la observación directa del actor, sea por intermedio de sus fuentes- tiene una evidente base empírica abierta a la explicación causal. Pero ¿cómo conocer las intenciones, las subjetividades, lo que está fluyendo en las mentes de los otros? (Smelser 1997). La respuesta la da el comprender (verstehen) con la potencia hermenéutica que a este verbo le asignaron Wilhelm Dilthey y Max Weber.- Comprender era para Dilthey, precisamente, re-vivir los estados mentales de los otros, inferidos por analogía con nuestras propias experiencias. Pero el mismo Dilthey también dio, más tarde, una segunda acepción del mismo verbo: comprender como "objetivaciones de la vida", en un marco objetivo de significados humanos, en el cual hay que contextualizar, tomando muy en cuenta el lenguaje y el clima cultural en el que viven los actores. Si con la primera acepción Dilthey nos situaba en el nivel microsocial, esta segunda nos lleva al meso y al macro. Respecto de un mismo actor, los tres niveles aparecen fuertemente interrelacionados: el segundo y el tercero permiten encauzar y controlar la arriesgada exploración de subjetividades ajenas que exige el primero. En Periodismo, abunda la reducción de este abordaje a un solo nivel, el micro. Aparentemente, es el más cómodo cuando se limita a imaginar la subjetividad de los personajes por analogía con la del autor, o a partir de sus biografías, o según estereotipos, o -con menor frecuencia- según el modelo del hombre racional y la opción racional (dando por supuesto en tal caso, con incontrolado optimismo, que todos los comportamientos responden a razones y no -también- a sentimientos y emociones, y que la razón señala en cada caso una manera única de comportarse racionalmente).- Explicar mediante la identificación de causas y efectos remite a una tradición mucho más antigua, iniciada por clásicos de la filosofía griega. Pero las causas invocadas pueden ser muy diversas, según quien diseñe la trama: hechos, acontecimientos, objetos, fuerzas, estados, procesos, ausencias, incluso intenciones de los actores. En todo caso, causas y efectos encadenadas componen una trama narrativa.Max Weber alerta contra dos (malos) usos frecuentes de la explicación causal: el aferrado a una concepción mecánica, determinista, de la causalidad y el que se da por satisfecho con una supuesta causa única. Wilhelm Windelband: distingue a su vez entre nomotéticos, que afirman la posibilidad de descubrir y aplicar leyes generales también en el campo de las ciencias sociales, e idiográficos que, en lugar de invocar esas supuestas leyes de validez universal, buscan las causas mediante el análisis específico de cada caso. Siguiendo estas precisiones, podemos perfilar un par de tipologías en función de la concepción de la causalidad, también discernibles en los relatos periodísticos y en sus lectores: monocausalistas - pluricausalistas y nomotéticos - idiográficos.De todos modos, nunca podremos conocer por completo la cadena de causas y efectos posibles, puesto que ello supondría extenderla desde el comienzo hasta el fin de la Historia. La explicación causal en ciencias humanas tiene -como la comprensión interpretativa- el estatuto de una hipótesis que nunca podrá ser cabalmente demostrada.- Así entendidas, y de maneras reflexivas o espontáneas, cultivadas o silvestres, comprensión interpretativa y explicación causal ocupan un lugar central en la vida cotidiana de cualquier actor. Y ese lugar destaca aún más cuando el actor es un autor de historias verdaderas o ficciones. Al contar sus relatos, el autor siempre tendrá que proporcionar al lector una serie de señales para comprender a los personajes y una cadena de causas y efectos que muevan la trama a lo largo de sus tres fases clásicas: Exposición - Composición - Resolución. - El análisis de la interacción remite a otra categoría clave, estructura. Interacción señala la naturaleza socialmente activa de los actores, estructura sugiere constricciones sobre ellos. Omitir las estructuras, como ocurre con frecuencia en los relatos periodísticos, lleva a un desajuste en el enfoque de las interacciones mismas. En sus ya clásicas "nuevas reglas del método sociológico", Anthony Giddens (1976) propone una nueva categoría: "estructuración". Las estructuras - destaca- no deben conceptualizarse simplemente como imponiendo coerciones a la actividad humana sino también en el sentido de permitir esta actividad. A este fenómeno lo llama dualidad de las estructuras. Indagar en la estructuración de las prácticas sociales es entonces tratar de explicar cómo son constituídas las estructuras mediante la acción y, de manera recíproca, cómo es constituída la acción estructuralmente. Los procesos de estructuración implican, para Giddens, una interrelación de significados, normas y poder, tres conceptos analíticamente equivalentes que, desde un punto de vista lógico, están implícitos a la vez en la noción de acción intencional y en la de estructura: todo orden cognoscitivo y moral es al mismo tiempo un sistema de poder que involucra un "horizonte de legitimidad".

EL VALOR CONFLICTO
Individuos y grupos pugnan y pugnarán siempre por la conquista de recursos de poder, de riqueza y de prestigio (Johnson 1997). El conflicto atraviesa toda la historia y todas nuestras biografías, asume muchas formas, se dirime en todos los niveles en función de muy diversos objetivos ligados a esas tres grandes metas: poder, riqueza, prestigio. El conflicto transcurre como una secuencia de interacciones comunicativas. Para que una contradicción, un conflicto latente en las estructuras sociales pase a ser conflicto manifiesto -con actores que toman conciencia de esas contradicciones y se involucran en ellas para superarlas o intensificarlas- hace falta un intercambio de mensajes a lo largo de sus fases: comienzo, expansión, crisis, gestión y resolución (negociada por las partes o impuesta por una parte a la otra o impuesta por terceros). Durante varias décadas, predominó una concepción negativa del conflicto obsesionada por evitarlo para asegurar el "orden" y promover el "consenso". Ahora en cambio se afirma la importancia, más todavía, la necesidad del conflicto para generar y dinamizar el cambio social (Borrat 1989: 15ss). Se distingue, desde luego, entre conflictos positivos, controlables, no violentos, necesarios para avanzar personal o colectivamente, y conflictos negativos, que generan el caos, la violencia, la explotación. Abundan las críticas a una supuesta preferencia de los medios por estos últimos. Se distingue, también, según las posiciones que ocupen las partes enfrentadas, entre conflictos inter pares, conflictos entre desiguales, conflictos entre el conjunto y sus partes. Abundan las críticas al tratamiento diferencial de las partes que hacen los medios, premiando a aquellas que coinciden o convergen con el "interés nacional" del país donde comunican y, sobre todo, con los intereses y las ideologías de las empresas mediáticas correspondientes.Los soportes mediáticos, desde siempre, privilegian al conflicto como "valor (o factor) de la noticia", de influencia decisiva en la selección y jerarquización de los casos y los temas considerados y en la producción de relatos y comentarios. Incluso cuando la interacción noticiable es de convergencia, consenso o alianza, los soportes la narran en función del conflicto que la ha provocado o que se quiere evitar. Tanto en el campo de las hard news como en el de las soft news-, los soportes ponen el foco en un protagonista y un antagonista (Arno 1984, Borrat 1989) aunque el conflicto sea multilateral y los participantes muchos y diversos. Perfilan así, en función de ambas partes identificadas con palabras que tienen una raíz común, agón, es decir. lucha, conflicto- a los restantes personajes como aliados del protagonista o del antagonista, o como terceros involucrados, o como actores externos. Y, a la vez, se perfilan a sí mismos con sus estrategias distributivas de apoyos y rechazos, premios y castigos. Según los casos, los soportes pueden cubrir un conflicto 1/ como actores externos, no involucrados por ese conflicto; 2./ como terceros involucrados para incrementar su poder, riqueza o prestigio a costa de los antagonistas (tertius gaudens), ahondando la oposición entre ellos (divide et impera); y 3/ como partes participantes. En el primer caso, es posible la imparcialidad mediante la simple aplicación de rutinas profesionales; en los otros dos, la decisión estratégica planea sobre todas las versiones, las moldea y controla.Hay dos cánones profesionales raramente aplicados en la cobertura de conflictos: "equilibrio en Información" y "pluralismo en Opinión". El equilibrio reclama un trato igualitario de las partes antagónicas verificable -o no- en su caracterización, a lo largo de la trama narrativa y en el uso paritario de fuentes cercanas a unos y a otros. El pluralismo exige a su vez comentaristas que narren y opinen desde perspectivas diferentes, incluso enfrentadas.

EL PRIMADO DEL RELATO
Digámoslo una vez más: Interactuar es comunicarse, comunicarse es interactuar (Gebner y Schramm 1989; Noelle-Neumann y Schulz 1995). Subrayemos ahora: esa comunicación es básica y primordialmente relato. Cada interacción se constituye y desarrolla mediante relatos (Cohen 1998: 88; Journal of Communication, Autumn 1985). La explicación causal convoca al relato, y el relato hospeda a su vez a la causalidad. Interacción y relato se necesitan mutuamente. La cadena de causas y efectos constituye la trama narrativa. La trama narrativa encuentra su dinámica en la cadena de causas y efectos. La comprensión interpretativa también convoca al relato, y el relato acoge a su vez a la comprensión como monólogo interior, como flujo intersubjetivo, como diálogo interpersonal, como re-construcción de la trama interactiva ya vivida, como re-presentación anticipada de desenlaces posibles cuando la interacción todavía está en curso, como memoria autobiográfica y memoria histórica.Comprender y explicar son verbos que apuntan a la temporalidad y, por eso mismo, a la manera primera y principal de dar cuenta de ella, dotándola de significados y sentido: narrándola. Son, como narrar, verbos de uso común, generalizado, que comparten los narradores espontáneos con los reflexivos, los lectores con los autores de los relatos impresos, emitidos, digitales. .Comprender y explicar son, también, argumentar, pero no en abstracto sino como la manera segunda de dar cuenta de la temporalidad en continua referencia a la primera, la narrativa. La actualidad narrada se basta a sí misma; la actualidad comentada pre-supone la narrada y encuentra en ella su referencia central.Todo soporte de información general manifiesta también así, en sus propios contenidos y por encima de su estructuración en áreas y secciones, el primado del relato que de maneras muy diversas, a veces epifánicas, a veces discretas, abarca toda comunicación humana (Borrat 2000c, 2006). Ricoeur (1983: 17) afirma en términos radicales lo que aquí llamo el primado del relato: "El tiempo se vuelve humano en la medida en que es articulado de manera narrativa: a su vez, el relato es significativo en la medida en que dibuja los rasgos de la experiencia temporal. (...) El círculo entre narratividad y temporalidad no es un círculo vicioso, sino un círculo saludable, cuyas dos mitades se refuerzan mutuamente." El intenso, extenso uso del relato en la vida cotidiana precede a los dos grandes modos narrativos, el relato histórico y el relato de ficción (Ricoeur 1984: 292). Congruente con su etimología (en latín: gnarus: conocedor, experto, derivada del indoeuropeo gna, conocer), es, siempre, un modo de conocer.El relato histórico modula al Periodismo, el relato de ficción predomina en Entretenimiento y Publicidad, pero ambos tipos suelen aproximarse y, en ocasiones, fundirse en un mismo relato periodístico. El relato periodístico oscila también entre los dos modos clásicos de narrar, mímesis y diégesis.- El relato periodístico ha generado dos tipos claramente diferenciados: el relato piramidal y el relato libre.Llamo relatos piramidales a noticias y otros relatos que mantienen el esquema de la pirámide invertida, comunicándonos inicialmente, ya en el primer párrafo, las respuestas principales a los topoi del Periodismo: qué, quiénes, cuándo, dónde, por qué, cómo. Relato canónico, también podríamos llamarlo, en cuanto regulado por estos cánones promulgados y exigidos por los saberes profesionales.Llamo relatos libres a todos aquellos que se producen al margen de los cánones que identifican a los piramidales. Librados de esos cánones, los relatos libres combinan algunos recursos característicos de la ficción con las exigencias primordiales del relato histórico.La ficción cuenta con su modelo tradicional: crear una progresión desde un estado inicial hacia un estado final. De esta manera, el relato compromete al narrador y al lector en la resolución de un problema que recién podrá conocerse al final, afirma Robert de Beaugrande (1980: 254ss). El modelo articula sus tres fases: exposición-complicación-resolución. Las tres, desarrollan un conflicto, y es en función de él que el autor distribuye los roles de protagonista y antagonista.El relato histórico se mueve en un campo más complicado, con disputas metodológicas muy fuertes. Asumo aquí la posición de Paul Veyne (1978: 14) en cuanto podemos decir del Periodismo lo que este autor dice de la Historia: es "relato de acontecimientos. Todo el resto deriva de él." Pero los acontecimientos tal como son narrados son construcción del narrador. "Un acontecimiento no es un ser sino el cruce de itinerarios posibles. Los acontecimientos son un découpage que hacemos libremente en la realidad, un agregado de procesos donde actúan y se mezclan sustancias en interacción, hombres y cosas." Por eso, todo es historia, sí, pero no hay sino historias parciales. Puesto que todo es historia, la historia será lo que elijamos (Veyne 1978: 39). Y la tradicional, casi obsesiva preocupación por la "objetividad" en historiadores y periodistas deriva del reconocimiento de que esta selección es inevitable. Toda historia tiene que ser selectiva. Y por eso mismo subsiste la duda de si la selección se ha hecho a expensas de la verdad: hablar de selección es plantearse la cuestión de la certidumbre. (Atkinson 1978).En Periodismo, como en Historia, opera siempre una selección, una cadena de decisiones de inclusión, exclusión y jerarquización de las inclusiones- acerca de los datos empíricos disponibles, pero también acerca de los significados, sentidos, interpretaciones posibles de esos datos. Decisiones sobre datos verificables y conjeturas inferidas organizadas como una hipótesis plausible mediante la comprensión interpretativa y explicación causal.Todos los relatos periodísticos arrancan de la noticia. Algunos, se quedan en ella. Otros la desarrollan piramidal o libremente. Todos son construcción de sus autores.El lector multimediático frecuenta ambos tipos de relatos, piramidales y libres, en todo soporte periodístico, fuere cual fuere el medio correspondiente. Los encuentra, incluso, en los soportes digitales más innovadores, aquellos que narran la actualidad mediante relatos arborescentes nutridos por la hipertextualidad, la interactividad y los recursos multimediáticos..De la historia inmediata a la historia de larga duraciónLa narrativa periodística se extiende entre dos polos: la historia inmediata de interacciones, y la historia de larga duración de procesos y tendencias.Estos dos polos se implican mutuamente. La historia inmediata exige su contextualización diacrónica; la historia de larga duración exige la concatenación de pasados de corta duración que se interpretan siempre, inevitablemente, desde una "actualidad" cambiante. Ningún soporte mediático narra una historia definitiva, cerrada. Todos ponen el foco en la actualidad de cada día, incluso cuando apuntan a la larga duración.Narradores polifónicos de interacciones de la actualidad (política, social, económica, cultural, deportiva) que en ulteriores temarios pasarán a ser pasado contextualizador de interacciones nuevas, los soportes eligen, combinan y controlan las voces de sus polifonías asignándoles roles y tareas en la producción y comunicación de la "actualidad periodística". El análisis global de las polifonías y el análisis particular de sus sectores y sus voces se necesitan mutuamente.El lector hace siempre una lectura personal y selectiva de los temarios impresos, emitidos y digitales de cada día y, por lo tanto, tiene una memoria personal, parcial, selectiva de la secuencia de temarios ya leídos. Cada día y a lo largo de los días la suya es -siempre- una lectura personal, un relato nuevo que se cuenta a sí mismo y según las ocasiones contará a otros, . No acoge íntegra la narración polifónica que cada soporte le propone: decide por su cuenta sus exclusiones, sus inclusiones y su jerarquización de las versiones elegidas. Y construye espontáneamente, con las voces elegidas, una polifonía mucho más reducida que la propuesta por cada soporte y por el conjunto de soportes que componen su menú mediático.

NECESIDAD Y URGENCIA DEL ANÁLISIS COMPARATIVO
Lectores multimediáticos que construimos nuestros propios relatos a partir de los que nos cuentan los soportes elegidos, necesitamos conocernos a nosotros mismos como narradores espontáneos o reflexivos en un espacio y un tiempo determinado. Intentarlo a escala española, regional o local representa, sin duda, una tarea inmensa, que exigirá la inversión de muchos recursos humanos y económicos. Mientras tanto, empecemos por re-conocernos como lectores multimediáticos. Aquí van algunas propuestas. Podemos tipificar al lector multimediático como vulgar o como crítico según las actitudes asumidas al decidir y degustar sus consumos de cada día. El vulgar hace una acumulación espontánea, irreflexiva, de soportes de distintos medios. El crítico procede por integración deliberada, selectiva, de los soportes, y por eso es capaz de dar las razones de cada opción y del conjunto de sus soportes leídos.Según el tipo de lector, así será su menú multimediático de cada día. Indigesto, trivial, tributario del Entretenimiento y la Publicidad, con sus redundancias y sus carencias, el del lector vulgar. Nutritivo, coherente y equilibrado, el del crítico. El primer tipo de lector queda preso de sus rutinas y de caprichos.que frecuentemente convierte en nuevas rutinas. El segundo elige y al mismo tiempo controla a los soportes escogidos, los mantiene o los desecha, los combina con otros, nuevos, según sus necesidades y sus intereses. Elige y, para elegir, compara.El lector crítico necesita del análisis comparativo. El prefijo multi que lo identifica como lector multimediático sugiere, en su caso, la pluralidad y la muy selectiva heterogeneidad de sus menús; uno y otro día, tiene que identificar y evaluar las diferencias, similitudes y coincidencias entre las unidades comparadas para componer su menú del día siguiente. Pero ¿comparar qué unidades? Los soportes elegidos. Sus temarios globales, aunque nunca los recorrerá por completo. Los relatos que efectivamente lee en sus campos temáticos escogidos (Política Exterior, Estatal, Regional, Local, Economía, Sociedad, Cultura, Deportes,...), sobre todo aquellos que por responder a sus intereses más frecuentemente recorre. La cobertura de casos que ya conocía por su propia participación u observación directa o por fuentes no mediáticas. La cobertura de casos que no conocía hasta que los encontró en sus fuentes mediáticas. Los relatos discrepantes, convergentes y coincidentes de un mismo caso. Las huellas en los textos, si las encuentra, de las interacciones de cooperación o de conflicto entre los tres vértices de ese triángulo decisivo para la producción de la actualidad que constituyen los autores de los relatos periodísticos, sus fuentes de información, los actores sociales que esos relatos convierten en personajes de la actualidad (Borrat 2006: 215-276). Los nuevos recursos narrativos que ya puede encontrar en aquellos sitios digitales que se han lanzado a la interactividad, la hipertextualidad y la multimediática. Aunque tales innovaciones no los sitúen necesariamente en un nivel superior respecto a aquellos otros que, en la misma Red, pudiendo hacerlas, prescinden de ellas. Ni respecto a los ahora llamados medios convencionales, que no pueden hacerlas.Como bien afirma Wolfgang Donsbach (en entrevista del magazin online Die Gegenwart. 2005: número 40), aunque haya criterios específicos para comparar la calidad de los periódicos digitales (con la calidad de los impresos correspondientes y con la calidad de otros sitios periodísticos), los criterios básicos no son esos sino los criterios generales del Periodismo (aplicables por tanto a periódicos, emisoras, canales y digitales): cómo se representa ante el lector un acontecimiento, una cuestión o una persona en acción. La calidad depende de si las informaciones han sido rigurosamente investigadas, si un acontecimiento o un conflicto se presenta en función de todas las partes, si se escucha a todas las partes y por eso, en definitiva, si el caso se presenta de tal manera que el lector pueda construir su propio relato, hacer su análisis, argumentar su propia opinión.Hay valores básicos del Periodismo que vienen afirmándose desde que nació la prensa. Esos valores mantienen intacta su vigencia ahora. El lector multimediático tiene que seguir reivindicándolos fueren cuales fueren los soportes que convierta en fuentes de sus propios relatos.

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